El bum del calimocho

Todo ocurrió una agoviante noche de septiembre: sabanas pegadas al cuerpo por el sudor, luz de una farola entrando por las ranuas de la persiana, y el sueño fragil de quien duerme la noche antes de un examen final. Todo absolutamente en silencio, ni mi compañero se movía en la otra habitación, ni mis vecinos gritaban, ni los tristes marineros borrachos rondaban las calles. Todo era calma. Ni siquiera el reloj con su tic-tac parecía tener vida esa noche. No se escuchaba nada y cuando digo nada es nada. Era como si el mundo se hubiera muerto. No había ningun atisbo de vida rodeándome. Tan solo el resonar forzado de mi respiración, como un desesperado intento de aferrarme a la realidad, como un desesperado intento de sentirme vivo entre tanta Nada. Con los ojos abiertos yo yacía boca arriba en mi cama, torturado por la ausencia de todo.

De repente un golpe seco: ¡Pam! y otra vez el Silencio, otra vez ese Silencio y otra vez el sonido del aire que en su viaje a mis pulmones me gritaba que yo seguía vivo. ¿Había sido ese ruido tan fuerte e intenso real? ¿cómo podía ser que ese extruendo no hubiera modificado esa atmósfera enrarecida?, ¿me estaría combirtiendo yo en la Nada que me rodeaba?.

Me lebanté de la cama. Nada. Ni una luz que no fuera la de la noche. En la habitación de mi compañero de piso tampoco había nada. Carente de toda relacción con lo que yo sentía, él seguía inerte en su cama. El baño y el salón distaban de ser las habitaciones tan llenas de personalidad y calor que eran durante el dia. Eran como habitaciones de hielo: suelo frío, paredes vacías y aire congelado. Por último decidí ir a la cocina. Cargado de valor abrí la puerta y enciendí la luz: ¡Nos habiamos dejado la vitrocerámica abierta! ¡Todo iba a explotar! ...-un momento-pensé- la vitro no explota...y no está abierta, esta rota...desde hace dos meses...jodidas fiestas universitarías y jodidos borrachos-rompe-hielos-contra-vitrocerámias de los cojones. Recuperado del susto decidí ir más allá. Con el espíritu reforzado y cargado de ansia por descubrir el final del tunel en el que tan terrible quejido auditivo me había metído, abrí la puerta que lleva al profundo pozo que toda casa posée pese a los intentos que sus moradores ponen en ocultar: El cuarto del calentador. Sin duda sentí una sacudida al abrir la puerta. Una sensación muy intensa sacudió mi alma en ese momento. Cientos de recuerdos, cientos de momentos, cientos de imágenes se metieron a traves de mis cinco sentidos y a traves de todos los poros de mi piel en el preciso instante en el que respiré aquel vapor que, sin duda, me había marcado tantos años de mi vida. Olía pero que flipas a callimocho cerdo de ese que te bebes cuando quieres pillarte una borrachera de la polla. Ese que mezlas tintorro cerdo con Culocola.

Tras la primera batalla que me enfrentó a mis recuerdos más profundos y a la vez ocultos tras la careta de noble caballero, urgía una respuesta rápida de esa parte de mi persona que siempre se mantiene íntegra en los abatares de la vida. Olia a calimocho, sí, pero qué relacción guardaba con el terrible monstruo que desde lejos atacó a mis tímpanos en la noche. Confuso abrí los ojos de par en par. Había algo alli que no estaba en su sitio...algo que no cuadraba, algo que me atormentaba, ¡pero qué era!. Aturdido y casi rendido ante la cantidad de imágenes que se asomaban en mi mente llamadas por ese olor lo descubrí: una botella de plastico rota. ¡Era eso! Todo guardaba ahora una relacción, ya todo tenía sentido. El universo, ordenado y aférrimo seguidor de las leyes de causa-efecto no me había defraudado y conseguí una teoría...¡el puto vino de mierda habia fermentado y los vapores de dentro habían petado la botella de los cojones y de ahí el hostiazo!

Alegre por el resultado tan acertado de mi investigación improvisada me fuí a dormir. Soñé con todo aquello en lo que me hizo pensar ese ente que en el cuarto del calentador acariciaba mi pituitaria. Imágenes que me acogían, que me rodeaban, que me elevaban de la cama llevándome a estados físicos y mentales dignos del Nirvana. Osea unos sueños de puta madre: cachondas y colegas ahí to ciegos, todos de un buen rollazo de la hostia, de risas...

Ahora, una semana después, todo el ex-contenido de la botella forma parte pared y no hay dios a quitarlo. Su puta madre con el calimocho. Lo bueno es que el cuarto del calentador ahora está que te cagas, con "gotelé" de colores y olor a juventud liberal...que más querra el casero. (Aparte de una vitro nueva)

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Hola!!!no se pa q t escribo si total no m aces caso nunca...pues escribes bien y claro esta loq no t pase si tp m a pasado a mi no l pasa a nadie..jjj..
pasalo bien bobo.
abur.
Anónimo ha dicho que…
Hola!!!no se pa q t escribo si total no m aces caso nunca...pues escribes bien y claro esta loq no t pase si tp m a pasado a mi no l pasa a nadie..jjj..
pasalo bien bobo.
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