marinero a tierra


La tierra se dibujaba cada vez más nítidamente. Seguía sin poder apreciarse el puerto al que iba, pero sí los acantilados, zonas donde debía haber playas y algo verde que debía ser un bosque.

Aspiraba de su cigarro el sabor del Mar. Estaba cercano su sueño de dejar de sentir el vaivén que le había acunado desde que volvió a su vida en el barco, pero sabía que uno sólo se acuerda de los buenos momentos. Le asustaban los malos. Miraba desde la proa a cada ola que debía atravesar antes de echar amarras.

Mantenía el humo en sus pulmones y despacio lo exhalaba. De brazos cruzados, reclinado sobre sus codos que reposaban sobre la alta barandilla, mantenía la cabeza fuera de borda. Aire frío en la cara, ojos entrecerrados, mirada perdida y piel curtida. Manos frías y ruido de fondo. ¿qué se oye en tierra firme? Sólo el eco de las olas. De eso sí se acordaba.

Se sintió algo confuso. Tenía ganas de bajar, pisar suelo firme y crear camino, pero sentía miedo de al pensar en su barco adentrarse en el océano sin él. Aunque eso fuera lo que había planificado. La última vez que pasó, él no se movió del faro hasta que el último mástil desapareció en la bruma.

Siguió aspirando mar y exhalando niebla unos cuantos cigarros más.

Comentarios

eFe ha dicho que…
me gustan los relatos de mar


pero me gusta más que hayas vuelto por aquí