número 95




Camarero! una cañita bien fría y una tapa de Quiero hacerte sentir cosas

Ayer volví a pasar por tu calle. No quería pero tampoco tenía más remedio. Se me hizo raro.

Se me hizo raro no subir los escalones de tu portal de un salto, ni atusarme los rizos en el reflejo de la puerta, ni mirar al reloj, ni respirar hondo para poder poner voz de serio como cuando te llamaba por el portero automático, ni de estar al loro por si tu hermano me hacía una de sus bromas...

Me hizo daño saber que no te reconocería en ninguna de las caras de la gente que me encontré. Saber que ninguna de aquellas personas serías tú. Sufrí pensando que nadie me pararía, ni me lanzaría un piropo como hacías para que volviera a al mundo real, aquel que compartía contigo. Me dolió no tener que estar atento a verte, porque no te iba a ver. Era imposible. Podía caminar con la cabeza baja porque sólo debía estar atento de mis pasos aunque me supiera esa calle de memoria.

Ahora ya daba igual saludar a tus vecinos o sujetarle la puerta aquella señora mayor porque ya no pertenecía a esa calle. Los escalones ya no tenían las huellas de nuestros pies. Cuanto te
esperaba nunca me había planteado que algún día tendría que pasar de largo por tu portal.

Pasé de largo por el quiosco que tantas veces nos vio cotillear sus portadas, por la tienda de Marisa, por nuestro banco, ese que no se ve desde las ventanas de tu casa, por la panadería de las palmeras de chocolate y por la tienda de mascotas. Nuestro cachorro ha crecido un montón.

Me costó dar el paso. Ese que dí justo enfrente de la puerta, ese que me alejaba un paso de tu casa. Ese que nunca tuve quedar porque la calle se terminaba ahí. Se terminaba en tus manos, en tus besos cálidos de labios fríos, en los bolsillos de tu abrigo, en tu mirada intensa de ojos cerrados, en tu sonrisa de "se lo dirás a todas", en tus canciones silenciosas que cantaba tus manos en mi espalda (con aquellas manos gélidas...qué gustito pero qué frío dabas)

Pero ¿sabes qué? pasé delante de la guardería. Estaban los enanos en la sala de la entrada, la de la cristalera. Parecían que estaban esperando a los padres. Miraban hacia la calle. Yo les hice una mueca. Me puse bizco, giré la cabeza y saqué la lengua. También me puse las manos a modo de antenas. ¡El gordito me vio y sonrió! Ni quise saber quién me miraba en mi lado del cristal. Qué vergüenza... Sonreí y seguí andando...

Sé que estarás bien. Esas cosas se notan.

Comentarios

Carabiru ha dicho que…
Vaya, vas mejorando en esto de relatar.

Mu'bien!
eFe ha dicho que…
jou!


es-ca-lo-frí-os!
Derethor ha dicho que…
Como siempre...

Nunca me dejas indiferente...

Recuerdo más de una entra tuya que me conquistó!!

Aiiiiins!!!!! si en el fondo soy un Romanticón!

Unha aperta Guaje!