Asimetrías que comparten pared



Estoy desayunando en una terraza en una calle transitada. Un carril para coches, otro para autobuses y dos aceras anchas por las que pasa mucha gente hacia el centro de la ciudad. Delante mío el portal del edificio Acuario. A su lado derecho la inmobiliaria Golden Oportunitys 

Me fijo en la desafortunada asimetría de dos lugares que comparten pared y número de calle. El 29.

A un lado el  portal del edificio viejo, añejo, da la impresión que tuvo un pasado mejor en una época no muy remota. Los hierros rojos desteñidos de la puerta de entrada están envueltos por un gran marco de mármol sin pulir. Al otro lado una sucursal de una cadena de compraventa de pisos de alto standing brilla de color azul cielo recién pintado. Un gran rótulo blanco, una gran puerta corredera de cristal y un gran ventanal lleno de fotos de pisos de revista.

De la puerta de la oficina sale un hombre alto, joven, muy bien vestido y de porte elegante. Del portal sale otro. Es más mayor, lleva ropa desaliñada. El primero saca el móvil. El segundo se saca un cigarro y lo prende.

El joven lleva el pelo brillante y totalmente inmóvil por la gomina. Va perfectamente afeitado. Sobre su frente un flequillo se inclina hacia la derecha, los laterales tiran de sus fracciones hacia atrás. Una de las solapas de la americana azul se ata a la otra en el botón superior dejando libre el otro como los cánones tradicionales de la estética de más alta alcurnia mandan. Ni le sobra ni le falta un centímetro ni en las mangas ni en los hombros ni en la cadera gracias a la precisión en el corte del sastre que le tomó las medidas. La camisa cerrada al cuello marca un torso con un corazón lleno de energía. Una placa que no logro ver debe indicar su nombre y estatus dentro de esa microsociedad servil.

El hombre de su derecha tiene el pelo inmóvil también, pero sucio y despeinado. La barba despoblada como un país en guerra. Poco pelo para adornar una expresión de vejez. Su americana es gris, de algodón, le queda grande, está descosida por su lado izquierdo y cedida en el bolsillo derecho, un bolsillo que está lleno de cosas pesadas. La lleva abierta. Cubre una camisa blanca que ha corrido la misma suerte que su compañera de años de limpiar el portal y arreglar los desperfectos de la vivienda. Varios botones desabrochados dejan respirar a un hombre cansado.

Los pantalones ceñidos casan en color, textura y precisión con la chaqueta azul. Están perfectamente planchados, afilados e inmáculos. Marcan sin exagerar la masculinidad y juventud del maniquí que los lleva puestos. Se abrazan a las pierna desde la cintura hasta un punto del tobillo. Ese punto justo que permite mostrar unos calcetines a juego pero algo exagerados con un brote de color: un toque diferente de originalidad, personalidad y de pertenencia al grupo social.

Los pantalones cuelgan de la misma manera que lo hace el resto de su vestimenta. Son negros y parece que en su día fueron buenos y lustrosos. Hoy no. Rozaduras, pequeños remiendos y los bajos desgastados por el talón cubren unos calcetines blancos deportivos

Zapatos negros brillantes
Zapatillas blancas desgastadas
Reloj brillante
Pulsera de tela
Cinturón de plata.
Collar de oro

El joven se muestra airoso en su conversación telefónica; gestos amplios, mirada fija en un punto superior del horizonte. Hace movimientos precisos que parecen remarcar las bondades de una casa: una venta segura. Mano abiertas y sonrisa "profident" Cabeza inclinada hacia el móvil. Da pequeños paseos delante de su oficina como haría un pavo real su cola abierta en época de celo.

El señor mira al suelo, con una mueca de cansancio. Repite un leve movimiento de vaivén con su torso del que seguro no se da cuenta. Fuma una calada y deja caer el brazo. El otro lo tiene guardado en el bolsillo del pantalón. Fuma otra vez y vuelve a dejar caer el brazo. Está quieto apoyado en la puerta de metal rojo. No está ahí pero no puede irse tampoco. Un viejo elefante que no sabe a qué espera para coger el camino hacia su destino.

Uno vende y alquila sueños vacacionales
El otro mantiene hogares limpios y aparentes.

Cuelga y entra rápido en su elegante oficina. Sale con una carpeta. Se monta en la moto que está aparcada a un lado. Estatus, aventura e imagen. Se pone el casco y se va sin mirar atrás.

El otro, detrás, le mira sin perderle de vista. Centra su mirada en el corcel bmw de 1200cc. hasta que desaparece. Tira su cigarro ya consumido y enciende otro. Mira al suelo con una mueca de cansancio. Repite un leve movimiento de vaivén con su torso del que seguro no se da cuenta. Fuma una calada y deja caer el brazo.

Me termino mi café. Miro ambas escenas. Mi destino presente me obliga a seguir luchando por un hogar en ese punto intermedio perdido entre dos asimetrías que comparten pared





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