SALID DE MI MENTE ENANOS!!




--Así veo la estación. Vacía. Sin las personas que van y vienen del trabajo, sin los ejecutivos que pasean sus trajes de ida y vuelta. Sin los adolescentes que se besan antes de que salga el último tren, sin las familias con niños que corren hacia el cercanías. Vacía, sola, silenciosa. Los comercios cerrados, las persianas de información cerradas. Pero, chicos, sí, vosotros tres. ¿qué hacéis? Se supone que la estación está totalmente despejada, ya sabéis, estoy creando un ambiente lúgubre, triste, frío y de dolor de alma. ¿Os importa iros, o bien, echaros a un ladito? 
-¿por qué, si estamos bien aquí?! me dice la chica mayor, de unos 6 años. 
-Pues porque tengo un sentimiento que quiero transmitir a mis lectores y, francamente, me rompéis la atmósfera. 
-¡y yo estoy dibujando! me espeta la niña. 
-Ya, pero es mi mundo interior y en él mando yo. -Digo-
-Pues no me voy a ir (dice hacia abajo, con la boca pequeña concentrada en su dibujo)
Vale, ok, seguid ahí. Ya me voy yo. Es mi universo mental, es grande, ya me busco otro hueco. 

--Así veo la calle. Desierta. Sin los coches que van apresurados del punto A al punto B, tocando el claxon desesperados; sin las motos ruidosas que se cuelan entre ellos; sin las señoras que van con las bolsas al mercado y sin los transeúntes que miran sus teléfonos móviles como autómatas de un futuro no tan lejano y no tan extraño. La calle recta está taciturna, introvertida, gris, amarga. Sólo se escucha el cochecito teledirigido de uno de los chavales de antes que empeña en empotrarse en mi pierna una y otra vez, una y otra vez y ya me está ya tocando el tobillo más de la cuenta ¿¿¡¡en serio vosotros tres también aquí!!?? 
-¡te hemos dicho que estamos bien! -dice muy decidida la sabidilla niña, portavoz de los minimosqueteros
-Ya, pero eso era "allí" no "aquí". Vosotros estabais "allí" y yo estoy "aquí". Lo pillas ¿no? ¿tú conoces barrio Sésamo?
-¡Parece que no te enteras tú locuelo! jajaja
-Lo que parece, niñita de mi alma, es que quiero contagiar un dolor que acucia y desazona mi alma y vosotros me estáis tocando el... tobillo ¡dile al crío que pare ya de chocar conmigo ese cochecito! Yo a los 3 años sabía darle a izquierda y derecha con el mando. 
-No te enteras, eres un locuelo -canta la niña haciendo bises-
- mmmmmmmh... ya, Anda sigue dibujando bonita... yo voy calle arriba y ya os no veré nunca más. Ale, creced sanos y todo éso. 

--Así veo yo el parque. Grande, denso, vacío de luces y lleno de sombras. Las lluvias han dejado un ambiente de desasosiego: tenebroso, siniestro, lóbrego de afilados contrastes. Los pájaros no cantan, las hojas no crepitan bajo el andar de nadie porque no hay pies que pisen los caminos. Los columpios no rechinan porque están parados y mojados. Los árboles se presentan inertes ante una naturaleza llena de vida pero vacía de almas. A lo lejos se oye... se oye un niño viniendo hacía mí, con un libro en la mano y hablando francés. Unos 3 años. Rubito él. Y como si no lo supiera ahora la niña saldrá de algún lado y me dirá algo y espera... sí, ahí viene el cochecito teledirigido a darme muestras de cariño a golpe de parachoques en mi afligido, desolado y dolorido tobillo. 
-Dice que quiere que le leas un cuento. 
-Hola niñita, qué sorpresa tan... qué sorpresa. Dices al micromachin franchute ¿no? Un cuento... 
-jajajajaj micromachin
-¿Pero qué hacéis por estos lares de mi mente?, está nublado, llueve, los árboles dan miedito... uuuuuuuuh (hago del peor fantasma que nadie ha imitado)
-Jaja qué tontuelo!! ¡Cuando la nube se vaya hará sol! y sin lluvia no habría árboles ni cesped, y cuando haga calor ¡el parque se llenará de niños! y el silencio hace que nuestra risa suene más JAJAJAJA. (retumba el eco cada vez más lejano: jajajaj, jajaja, jajaja) Prueba tú. 
-ja (retumba el eco: ja. Parece que un árbol se está descojonando de mí con toda su ironía)
-Todo depende de cómo lo quieras ver. Pablo sabe que no te puedes montar en el coche, pero darte golpes es su forma de pedirte que juegues con él y Johann habla español, pero también francés y aunque tú no lo entiendas, si te mueves y te ríes estaréis hablando vuestro propio idioma. Todo depende de cómo lo veas. 
La estación, la calle y el parque son el mismo sitio. Tú pones en tu mente lo que quieras poner, es muy fácil. Si quieres estar triste, estarás triste, si quieres ser feliz, serás feliz. Como un folio en blanco, tú dibujas lo que quieres
-O sea, que en realidad todo esto es "mi folio en blanco" y no me he movido, por éso siempre estabais ahí. 
-SSSSSSSí. 
-¿tú qué has dibujado todo este rato?
-Una playa. 
-¿Una playa?, 
-Una playa...¿quieres venir?
-Pero es un dibujo..
-jjaja ¡qué te he dicho! ¡ya sé que es un dibujo! pero si quieres puedes venir, pero sólo -si quieres- (remarcó mucho ese si quieres)
-Sabes qué, Celia, que sí quiero ¡Vamos! La cojo de la mano, miro a mi alrededor y veo atónito cómo se va el parque, se va la calle, se va la estación. Se van los grises, los silencios, las sombras. Todo se retuerce y sale de un remolino una playa larguísima, plana, con un mar azul, transparente.- Guau!! 
-Lo ves? 
-Y arena fina y con calor y un cielo azul y veleros en el fondo!
-¡yuhu!
-Y gente disfrutando: familias enteras, parejas paseando, niños correteando, adolescentes haciendo el loco...
-jajaja síiiiiii
-Y sabéis qué? ¡ahora tenéis bañadores! ¡y toallas! y el agua tiene pinta de estar estupenda ¡¡LOCUELO EL ÚLTIMO QUE SE META!!



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